miércoles, 10 de octubre de 2007

Vota por Corta Atalaya como una de las 7 maravillas de España

Antena 3 y Onda Cero han propuesto nombrar las 7 maravillas de España, para lo que los espectadores pueden votar por las que creen que deben estar incluídas en la lista como candidatas. Nuestra propuesta es la impresionante mina a cielo abierto que es corta Atalaya, para lo cual difundimos este post.

Corta Atalaya es la mina a cielo abierto más grande de Europa y la segunda del mundo. Fue declarada Bien de Interés Cultural. En su fondo caben dos campos de fútbol, y su grandiosidad ha sido fuente de inspiración de muchas obras literarias, entre ellas por supuesto las de Juan Cobos Wilkins.

Para votar por Corta Atalaya como una de las 7 maravillas de España, haz clic aquí:


Portae Inferi

miércoles, 3 de octubre de 2007

Espido Freire, directora de conferencias de la Biblioteca regional

1 de octubre de 2007

El director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Luis Martínez, ha presentado esta tarde el ciclo de conferencias que la Biblioteca de Castilla-La Mancha ha organizado en torno al cine y la literatura, que conducirá la escritora Espido Freire.

Bajo el título ´La imagen de la palabra´, la Consejería de Cultura ha presentado estas charlas coloquio con el fin de "fomentar un público maduro a partir de estos dos elementos básicos", como son el cine y la literatura, ha destacado Martínez. Así mismo, el director general del Libro, ha recordado el esfuerzo que desde la Consejería se realiza para apoyar el fomento de la cinematografía y el sector audiovisual.

Por su parte, la autora de "Melocotones helados", que ya ha colaborado en anteriores ocasiones con la Biblioteca Regional a través de los cursos de creación literaria, ha mostrado hoy su agradecimiento por presentar estas charlas coloquio. Acerca de esta actividad, Freire ha destacado que "la cultura es algo interactivo y decididamente moderno, que nos permite enriquecernos de manera extraordinaria como personas".

El ciclo, que consta de cinco sesiones, se celebrará todos los martes del mes de octubre a las 19:00 horas. Fernando Marías, es el encargado de iniciarlo, con una charla titulada "Cine y literatura, relaciones de pareja", en la que el autor hará un recorrido sobre la relación que estos dos géneros han mantenido desde la aparición del llamado séptimo arte.

El 9 de octubre, el poeta y escritor Juan Cobos Wilkins, autor de ´El corazón de la tierra´, mostrará las claves para transformar un personaje literario en audiovisual. Será el 16 de octubre cuando Fernando Ramallo, protagonista de esta cinta, explique las dificultades que entraña encarnar un personaje literario.

Las dos últimas sesiones del ciclo estarán dedicadas a la película ´El camino de los ingleses´, del director Antonio Banderas. El autor de la novela y guionista del film, Antonio Soler, charlará con los asistentes el martes 16 de octubre, mientras que la actriz Marta Nieto, que interpretó a uno de los personajes, dará a conocer su experiencia de rodaje el martes 30 de octubre.

Respecto a este ciclo, Freire ha explicado que "la literatura no tiene que quedarse en contar historias a través de los libros", y ha mostrado su agradecimiento al género cinematográfico por haber "permitido que la literatura se acercara a gente que nunca había leído libros".

Una de las cosas que ha valorado la escritora es el hecho de que en los coloquios participe gente nacida en los años cincuenta y en los ochenta, lo que "desmiente el hecho de que a los jóvenes no les interesa la literatura".

Eldigitalcastillalamancha.es

«Al homosexual sólo se le acepta de cara a la galería»

01.10.07

El escritor Juan Cobos Wilkins narra en 'El mar invisible' una historia sobre la represión a los gays en las cárceles franquistas.

El escritor y poeta onubense Juan Cobos Wilkins ha sido distinguido como finalista del Premio de Novela de Torrevieja (Plaza y Janés) con la obra 'El mar invisible'. Un condenado a garrote vil pide en su última noche dialogar con un maestro homosexual y defensor de la democracia. Un homenaje a los condenados gays durante el franquismo y una reivindicación de la magia de la palabra como medio para encontrar un espacio de libertad. Cobos Wilkins usa dos lenguajes muy distintos, que se corresponden con el de los dos protagonistas, un boxeador y un maestro. Esta es la segunda novela de este poeta tras la exitosa 'El corazón de la tierra', que recientemente fue llevada al cine.

-¿Cómo surge la idea de escribir una novela sobre los presos homosexuales?

-Fue durante una conferencia que ofrecí en la cárcel de Huelva. Me comentaron que más de medio millar de presos se encontraban en lista de espera de la biblioteca para leer mi novela 'El corazón de la tierra'. A la biblioteca le habían puesto mi nombre y con este tipo de actos me siento orgulloso de ser escritor. En un paseo por la vieja cárcel encontré una placa que recordaba a los presos homosexuales del franquismo.

-¿Qué relación tiene su novela con 'El beso de la mujer araña'?

-Me impresionó muchísimo esa novela y hago un guiño a Manuel Puig en una especie de homenaje a esa obra que tiene ya 31 años. Pero 'El mar invisible' es muy diferente, porque aborda el tema desde una perspectiva muy distinta.

-¿Qué papel juega la palabra en la novela?

-Se trata de una novela sobre el amor, la soledad, la libertad y el poder sanador de la palabra, que nos ayuda a caminar sobre las aguas de los mares invisibles. Lo único que tenía el preso para sentirse libre era su propia palabra, el único espacio de libertad.

-¿Qué hay de su poesía en la que es su segunda obra narrativa?

-Creo que un poeta tiene un lenguaje que es fácilmente reconocible. Pero sobre todo se aprecia en el uso de las palabras y en el ritmo de la novela que se corresponde con el de un poema.

-¿Existe en la sociedad un maltrato hacia la palabra?

-Totalmente, porque escuchas algunos términos en boca de personajes públicos que son un insulto para nuestro idioma. Hace poco escuché a uno de esos personajes decir que 'no hay que confundir churras con meninas', y se quedan tan tranquilos. Creo que sí existe ese maltrato a la palabra.

-¿Acepta la sociedad española ante los nuevos cambios a los homosexuales?

-Existe un cambio sustancial, pero al homosexual sólo se le acepta de cara a la galería y muy de boquilla, porque en privado se adopta una posición diferente. El verdadero pensamiento no se expresa en público. Todavía se sigue negando la adopción de niños a los homosexuales y lo que se manifiesta ante el escaparate público no se corresponde con lo privado.

Juan Luis Tapia
ideal.es

sábado, 29 de septiembre de 2007

Cobos Wilkins finalista del premio Ciudad de Torrevieja de novela

JOSÉ CARLOS SOMOZA GANA EL CIUDAD DE TORREVIEJA DE NOVELA

El premio es el mejor dotado de España tras el Planeta

IGNASI MUÑOZ (El Periódico de Catalunya)

La sexta edición de los Premios Ciudad de Torrevieja, otorgados por la editorial Plaza Janés recayeron ayer en dos autores de la casa. José Carlos Somoza (La Habana, 1960) consiguió el primer premio, dotado con 360.000 euros, el segundo más cuantioso de la literatura en español, tras el Planeta, por una novela titulada La llave del abismo.

La obra narra la historia de un joven empleado ferroviario que vive en la rutina, pero que un día descubre a un pasajero con una bomba adherida que le propone un arriesgado trato. Desde ese momento, tanto él como su familia se ven envueltos en una trama que pone en riesgo sus vidas. Para salir del embrollo, el protagonista se asocia con una muchacha ciega y un bibliófilo escéptico que le ayudan a buscar una llave que abre la Ciudad de Dios y lleva al secreto de la existencia.
Aventuras, suspense y esoterismo son los ingredientes con que el autor de Zig zag (2006) y Clara y la penumbra (2001) convenció a un jurado formado, entre otros por J.J. Armas Marcelo, José Calvo Poyato y Julio Ollero.

EL FINALISTA DE ESTA EDICIÓN HA SIDO JUAN COBOS WILKINS (MINAS DE RIOTINTO, 1957) con El mar invisible, un retrato en clave de denuncia sobre las vejaciones sufridas por los homosexuales en las cárceles franquistas. Cobos Wilkins, poeta, dramaturgo, creador de la Fundación Juan Ramón Jiménez y director de la casa museo del poeta en Moguer, sitúa su narración durante la última noche de vida de un peligroso asesino condenado a muerte que dialoga con otro preso acerca de su soledad.

Foro Opina sobre Riotinto

José Carlos Somoza se alza con el VI premio de novela "Ciudad de Torrevieja"

El escritor nacido en La Habana ha obtenido el primer galardón con su obra 'La llave del abismo', valorado en 360.000 euros. Juan Cobos Wilkins ha resultado finalista con 'El mar invisible' obteniendo por ello 150.000 euros.

El novelista José Carlos Somoza ha resultado vencedor en la VI edición del Premio de Novela 'Ciudad de Torrevieja' con su obra 'La llave del abismo', presentada bajo el título 'La búsqueda' y el seudónimo 'Bruno Peña'. El premio está dotado con 360.000 euros.

Por su parte, Juan Cobos Wilkins, que presentó su novela 'El mar invisible' bajo el título 'Un árbol de Cambridge' ha sido merecedor de obtener la calificación de finalista.

El ganador
Nació en La Habana, pero sus padres se mudaron a España en 1960, donde residió desde entonces. Estudió medicina y psiquiatría y no se dedicó a la literatura por completo hasta 1994. Ha ganado diversos premios por sus novelas, entre ellos La sonrisa vertical (en 1996), el Café Gijón (en 1998) y el Fernado Lara (en 2001).

El finalista
Juan Cobos Wilkins es un Poeta y escritor español nacido en 1957 en la localidad de Minas de Riotinto (Huelva). Fue el creador de la Fundación Juan Ramón Jiménez y también director de la Casa-Museo del poeta en Moguer, los cuales dejó en 1995 para dedicarse plenamente a la literatura, cambiando su residencia a Madrid. Es crítico de El País, y de la revista Turia. Además dirige la revista de literatura y arte "Con dados de niebla", y la "Colección de poesía Juan Ramón Jiménez". Este escritor polifacético, ha publicado poesía, teatro y prosa. Ha sido traducido a diversos idiomas y ha sido incluido en numerosas antologías y estudios de literatura española contemporánea. En el año 2007 el director onubense Antonio Cuadri adapta para el cine su obra El corazón de la tierra. Ese mismo año es nombrado como Hijo Predilecto de su localidad.

Un premio no exento de polémica
El Premio de Novela 'Ciudad de Torrevieja' se ha visto envuelto en la polémica en los últimos tiempos, bien por la inusitada dotación económica - es el segundo de mayor cuantía de toda España tras el Premio 'Planeta' - o por los acalorados debates que se han generado en pasadas ediciones, entre ellas la ocurrida al calificar el propio presidente del jurado, José Manuel Caballero Bonald, a la obra ganadora de la IV edición 'Los Hijos de la Luz', de César Vidal, como, a pesar de su "pericia técnica", "ideológicamente detestable".

torrevieja.com

domingo, 16 de septiembre de 2007

"EL CORAZÓN DE LA TIERRA" EN DVD EL 26 DE SEPTIEMBRE EN ESPAÑA

HOLA AMIGOS/AS

EL CORAZON DE LA TIERRA, EL FILM DE ANTONIO CUADRI, ESTARÁ DISPONIBLE SÓLO EN ZONA DOS PARA ESPAÑA EL PRÓXIMO 26 DE SEPTIEMBRE DE 2007.

ESTA EDICIÓN EN DVD QUE SERÁ EXCLUSIVA PARA ALQUILER SE LANZARÁ CON VARIOS IDIOMAS.

INGLES Y ESPAÑOL (V.O.)
CASTELLANO (DOBLADA)
y CATALAN*

JJ MONTERO
Fue el set publicist del film
+ informacion en www.onpictures.com

sábado, 15 de septiembre de 2007

“El Corazón de la Tierra” une a las mujeres en la Cuenca

La Cuenca Minera se afianza en su proceso de desarrollo en el medio rural y en el movimiento de reivindicación pro derechos femeninos.

En el día de hoy ha tenido lugar la presentación oficial de la Federación de Asociaciones de Mujeres de la Cuenca Minera, denominada “El Corazón de la Tierra”.

En el evento, celebrado en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Riotinto desde las 11:30 de la mañana, han participado representantes institucionales de la Cuenca Minera y pueblos limítrofes, y ha colaborado para su ejecución la Asociación para el Desarrollo Rural de la Cuenca Minera de Riotinto (ADR).

Desde hoy, todas las asociaciones de mujeres de la zona tendrán un punto de entendimiento y encuentro con “El Corazón de la Tierra”, institución que las aunará a todas.

Zalamea, la otra mirada

miércoles, 8 de agosto de 2007

Riotinto, la colonia de la vergüenza

Desde 1873 hasta 1954, el pueblo onubense de Riotinto se convirtió en una peculiar colonia británica donde llegaron a convivir, separados por un muro, 10.000 mineros y el selecto “staff” inglés de la empresa Rio Tinto Company. Hubo revueltas, destrucciones de pueblos enteros y en tiempos los niños fueron explotados como un “nativo” más. Hoy es un paisaje lunar que asombra a los científicos de la NASA y cuyas heridas se pretenden curar transformándolo en un campo de frutales. Así lo cuenta el escritor Juan Cobos Wilkins en este reportaje.

Aquel verano del 69 una exclamación redondeaba de asombro millones de bocas. Ante las pantallas de los televisores los ¡oh! se encadenaban y, como estela de globos, parecían ascender al cielo de donde procedían las imágenes que, incrédulos, contemplábamos: Armstrong acababa de pisar el mito romántico de los enamorados y la obsesión de Calígula, la Luna. No me sorprendí. Yo llevaba toda mi infancia correteando por paisajes igual de enigmáticos: los yacimientos de cobre, plata, oro, que remontan su historia a 3.000 años antes de Cristo. Las legendarias minas de Riotinto. Un paisaje telúrico, devastado. De trágica belleza. Extraído de otro mundo. O del submundo. Sexo y entrañas de la tierra aflorados a la superficie. No, no me sorprendí, me resultaba familiar. Como, al leer la Divina Comedia, los círculos del infierno dantesco encontraron, en mi imaginación, su escenario natural perfecto en los de Corta Atalaya, la más grandiosa explotación a cielo abierto de la vieja Europa.

Su historia se difumina en niebla –británica desde el XIX–, Tartesos, filones que proveían de ricos metales a naves que partían hacia el remoto Templo de Salomón... Los iniciales poblamientos humanos dejan ya huella en la Edad del Cobre y, en el Bronce Final, Oriente impulsa la extracción de plata. Pero ha de ser Roma quien marque su más profunda cicatriz en este confín al suroeste de la Bética. Como sombras petrificadas de Plutón, millones de toneladas de escoria abandonadas por el poderoso Imperio. Restos de épocas oscuras: ídolos con decoración geométrica o labrados en gossan, cazoletas y pistaderos para la trituración del mineral, aras rituales, sel jabalí de bronce, emblema de la IX Legión, ungüentarios de vidrio tornasolado, gigantescas norias, hornos para cremaciones infantiles, bellísimas esculturas teñidas de bermellón por los óxidos... Estratos sedimentados de historia, de vidas, conformando un paisaje de fuerza tal, de imán tan poderoso, que marca, tatúa a quien lo habita de forma indeleble. Y serpeando el entorno, un río rojo como una arteria abierta, el Tinto: “...es el Urium de los romanos, el Aceche de los baladíes, el tremendo río de las lágrimas, de cuyas
linfas no se logra ningún género de pescados ni otros seres vivos, ni la gente la bebe ni alimañas, ni se sirven de ella los pueblos para cosa ninguna”. En 1556, así lo describía Diego Delgado, clérigo, a Felipe II.

El tajo sangrante. Por el color de sus aguas, de niño, creía yo que aquel extraño río nacía, misteriosamente, de la garganta degollada de santa Bárbara. Contemplaba su imagen en la iglesia y... seguro: el tajo sangrante que le secciona el blanco cuello es su fuente, por eso eligieron a la joven mártir patrona de los mineros. El Tinto, un río que ya no parece tan estéril: equipos de la NASA, científicos españoles y norteamericanos analizan hoy sus aguas en busca de formas de vida que podrían ser similares a las del planeta Marte. No era, pues, tan lunática la comparanza aquel julio de 1969.

Tras los romanos, los yacimientos entran en un largo paréntesis de abandono, parcialmente roto cuando el sueco Liebert Wolters, que había intervenido en la Guerra de Sucesión, los adquiere. Pero los auténticos tiempos de esplendor no llegarán hasta que, en 1873, son comprados al Gobierno español por un consorcio británico y se crea la Rio Tinto Company Limited. “Se adjudican definitivamente las minas de Riotinto a los señores William Edward Quentell, Ernest H. Taylor y Enrique Doestch, por sí y en representación de la casa Mathesson y compañía, de Londres
, por la suma de 92.800.000 pesetas, a tenor de la proposición garantizada con el previo depósito y aceptada por el Gobierno, en los términos que previenen las Leyes de 23 de junio de 1870, 20 de diciembre de 1872 y el anuncio oficial de 4 de enero del presente año”. Así reza el documento de la época. Y de esta forma se inaugura una muy singular etapa que arrastrará en
su vértigo a toda una comarca. En verdad, a toda la provincia onubense.

Con pantalones de franela, palas de cricket, raquetas de tenis, Times o Morning Post bajo el brazo y the five o'clock tea, una generación de británicos irrumpía en aquel polvoriento sur púrpura y desolado. Y, junto al retrato de Su Graciosa Majestad, Victoria, soberana de Gran Bretaña y de Irlanda y emperatriz de la India, nada más y nada menos que football: los primeros partidos del multimillonario fenómeno de masas se jugaron entonces en Riotinto. La comunidad britá
nica, convencida de su lugar en el mundo, alzó su propio barrio, Bellavista, separado del resto del pueblo por un muro de piedra. Dos entradas, con garitas y guardas, vigilaban, filtraban o impedían el paso a quien no perteneciese al staff (personal). Hermosas construcciones victorianas rodeadas de jardines, cementerio protestante, capilla anglicana, selecto club (hasta hace sólo unos meses las mujeres no han podido acceder a la sala men only). Un nivel de vida que comparado con el de los nativos –así denominaron a los pobladores del lugar–
no podía dejar de remover las conciencias y proclamar la evidencia de una desigualdad tan escandalosa como lacerante. Los ingleses injertan en el valle saturnal sus formas y costumbres: ondea la bandera británica y el cumpleaños de la reina Victoria (que da nombre a la barriada construida para sus operarios en la capital) se celebra alto como la Torre de Londres, sonoro como el Big Ben, juegos, competiciones, brindis, God save the Queen! Junto a ello, también, servicio médico, alfabetización, taller de maravillosos bordados, economato, cuidada administración, desarrollo técnico, industrial, comercial, empleo asegurado, el descubrimiento como sitio de veraneo de la virginal, edénica entonces, playa de Punta Umbría –por supuesto, únicamente para altos cargos– y espléndidas obras como el ferrocarril que une la cuenca minera con Huelva y, en la ciudad, el magnífico muelle para el embarque del mineral.

La Compañía, como queda bautizada la Rio Tinto Company Limited (RTC), se convierte en motor de la provincia, es la empresa privada con mayor número de trabajadores de todo el país, y contribuye muy eficazmente a engrosar las voraces arcas del Estado. El Cronista escribe en sus páginas: “Riotinto es el feudo de una empresa más poderosa que el zar de las Rusias”. Pero la existencia y condiciones laborales son miserables. Cuando la RTC adquiere las minas trabajaban un millar de hombres; en 1888, el trágicamente famoso Año de los tiros, se cuentan 10.000. Y para ciertas labores se emplean a barcaleadoras (mujeres que transportan en cajones –barcales– el mineral) y a una muy considerable cantidad de niños. Las plagas diezman a la población. Y el sistema de calcinación al aire libre, las teleras, envenena el aire. Eran las teleras gigantescas piras, como descomunales hormigueros que formaban un bosque de pirámides ardientes, humeantes. En su interior, día y noche, mes tras mes, la lenta combustión del mineral arrojaba a la atmósfera dióxido de azufre. Densas nubes de humo mefítico que envenenan la atmósfera, enferman los cuerpos, asolan el paisaje, arruinan las cosechas de los pueblos vecinos, ponen en peligro la ganadería, contaminan las aguas... Cuando los humos de las teleras permanecían bajos, posados sobre la población, la manta obligaba a los mineros y sus familias a buscar refugio en las cumbres de los cerros cercanos, mientras sobre el valle caía la noche artificial, una oscuridad tan densa que provocó el choque frontal de dos trenes. Pero los días de manta, en los que faenar resulta imposible, son, desde luego, descontados del jornal.

El anarquista. Procedente de Cuba, entonces colonia española, llega a Riotinto, en la primavera de 1883, el anarquista que logrará encauzar el malestar social y aglutinar a mineros, agricultores y ganaderos para enfrentarse a la omnipotente Compañía. Un líder carismático, persuasivo, seductor..., y envuelto en el enigma: Maximiliano Tornet. Los efectos nocivos de las teleras abarcaban un radio de 777 kilómetros cuadrados en torno a las minas y dañaban a unas 11.000 propiedades. Los dueños de las tierras afectadas, sobre todo del término de Zalamea la Real, crearon lo que podríamos contemplar como brote precursor de los movimientos ecologistas: la Liga Antihumos. La unión de todos, a la que se suman los socialistas –con menor predicamento entre los mineros que los anarquistas–, desembocará en la multitudinaria manifestación del sábado 4 de febrero de 1888. Demandan el fin de la calcinación al aire libre –algo que en Inglaterra, el Parlamento, consciente de su peligrosidad, había prohibido ya en 1864, pero que aquí, y 24 años después, la RTC seguía practicando–, percibir el salario completo los días de manta, reducción de 12 a nueve horas de faena, supresión del pago de una peseta para asistencia médica y de las dos pesetas con 50 céntimos descontados del jornal si extraviaban sus libretas... Reivindicaciones que al recién llegado director William Rich le parecieron de todo punto injustificables, inoportunas, inadmisibles.

Estalló la huelga el 1 de febrero. Y tres días después, una riada humana, una impresionante manifestación con el audaz Maximiliano Tornet al frente se dio cita en Riotinto. Las calles quedaron tomadas por unas 12.000 personas que en un ambiente festivo, con bandas de música y pancartas (“¡Abajo los humos!”, “¡Viva la agricultura!”), reclamaban una más digna forma de vida. Y mientras en el Ayuntamiento permanecían reunidos alcalde y concejales –peones en al damero de la Compañía–, el gobernador civil de Huelva, Agustín Bravo y Joven, con soldados del Regimiento de Pavía, entraba en Riotinto dispuesto a poner fin a la revuelta. Y lo logró. A sangre y fuego. En la Plaza de la Constitución, la tropa se despliega ante la indefensa multitud. Dispara: una, dos, tres descargas a bocajarro. Luego, arremete con las bayonetas. El periódico La Coalición Republicana, dirigido por José Nogales, da cuenta de la masacre: “Cuando con más alegría y confianza se hallaban los manifestantes apiñados, en número superior a 12.000, en las estrechas calles adyacentes y plaza, mandaron retirar la caballería del sitio que ocupaba y acto seguido una descarga cerrada, inmensa, cuyos proyectiles barrieron aquella masa humana, puso en fuga desordenada a la multitud, que dejó en el suelo muchos cadáveres y heridos y se atropelló por las calles, lanzando gritos de pavor y de violenta ira. ¿Quién dio la orden de fuego? Hasta ahora no se sabe. ¿Fue el gobernador? ¿Fue el jefe militar? La soldadesca inconsciente, la máquina estúpida que obedece y mata, el soldado que dirige la boca del fusil al pueblo de donde salió y a donde volverá, gozaba con la vista de la pólvora y la sangre. Con el testimonio de centenares de personas que presenciaron el hecho, podemos afirmar que los manifestantes no profirieron ni un grito subversivo, no salió de ellos una provocación ni un acto que molestase a la tropa ni a las autoridades”. Jamás se conoció el número exacto de muertos, hombres, mujeres, niños. Sus cadáveres se hicieron desaparecer en escombreras, en antiguas minas abandonadas... Y la fecha quedó fijada en la memoria colectiva como el Año de los tiros.

Hambre y “boy-scouts”. Aquélla de 1888 marcó un hito. Pero no fue la última de las huelgas y manifestaciones que jalonan la heroica y fascinante historia de las minas de Riotinto, y en la que las mujeres han escrito en diversas ocasiones una esforzada y anónima página (por ello, junto al anarquista y a un médico británico, las elegí como protagonistas de El corazón de la tierra, sus latidos han impulsado sangre a ese músculo que parece arrancado vivo de Corta Atalaya). El año 1917 trajo una decena de muertos, el cuádruple de heridos, centenares de despidos. Terrible resultó la huelga de 1920, nueve meses de paro desembocaron en tan extrema situación que los mineros carecían de alimento para sus hijos. Los niños partieron para ser acogidos por obreros sindicalistas de otros lugares. Cientos de emigrantes de cinco, seis, siete años, atestaban los trenes que de la cuenca minera onubense viajaban a cualquier lugar de la geografía española. La Compañía, para paliar la mala fama que aquel hiriente episodio le había acarreado, creó y organizó en la comarca los grupos de boy-scouts, populares ya en Gran Bretaña.

Era el tiempo imperativo de míster Walter Browning, apodado El terremoto. A caballo –jinete experto–, con su rifle Winchester y su Browning automática y el revólver traído de México y su guardaespaldas... ¿Quién osaría desafiar al todopoderoso? Fue, aunque no coronado, rey de Huelva. Hasta 1954 las minas permanecieron en manos de la RTC. Una época difícilmente olvidable. Miserias y grandezas de la mano como amantes inseparables... e infieles. Un largo y muy singular periodo que dejará un legado material, otro intangible, pero no menos conformador de la peculiar idiosincrasia de un pueblo que se destruye y se alza y se sepulta y vuélvese a edificar en otro sitio. Riotinto repta en función del avance devorador de la mina.

Vendrían después distintas empresas: Compañía Española de Minas de Riotinto, Unión Explosivos Río Tinto, Río Tinto Patiño, Río Tinto Minera S.A. Hoy, la cuenca atraviesa una angustiosa etapa. El desplome de los precios del cobre en el mercado internacional lanza a toda una comarca a un salto al vacío. Sin red. Y la falta de compromiso efectivo de las diferentes administraciones contribuye al deterioro paulatino, escandaloso, de un área hondamente castigada y deprimida. Existe un débito histórico y solidario con una tierra ancestral que fue impulso económico para muchos sectores. Sin embargo, aquel trozo lunar parece condenado al silencio mismo del satélite. Al olvido. A no ser más que un fantasma que arrastra su sábana bordada con iniciales de oro pero vieja, sucia, desgarrada. Algunas soluciones, como la instalación en Nerva de un vertedero de residuos tóxicos, si renta beneficio pecuniario es a costa de un altísimo precio emocional. Y de indecentes consecuencias, la población entera dividida: a favor, en contra. En el aire de 1888, humos contaminantes; bajo tierra, residuos tóxicos de 2001. El suelo carmesí, las aguas escarlatas, absorben su historia, se empapan y nos la devuelven contra el rostro como un bumerán. Como si los círculos de Corta Atalaya fuesen anillos que se cierran en torno a la razón. La Compañía acostumbró al minero a su paternalismo, fue principio y fin de toda actividad, y el resultado es la falta de iniciativa privada.

Otras alternativas surgen en los últimos años: Riotinto Fruit reconvierte los suelos minerales en plantaciones de árboles frutales. Mas, para un pueblo industrial, no deja de ser chocante y paradójico dar, de la noche a la mañana, la vuelta a toda su milenaria historia y pasar, en el siglo XXI, a la agricultura. La Fundación Río Tinto ha comenzado una encomiable labor de explotación de los inusuales valores turísticos del entorno y de recuperación de su rico patrimonio. El Archivo Histórico se convierte en garante de documentos de formidable valor y el Museo Minero, la visita a impresionantes cortas, el recorrido en viejos trenes... son en la actualidad atractivos dignos de ser conocidos. ¿Es suficiente? No. Porque, no ha mucho, aún permanecían mineros encerrados y en huelga de hambre en las profundidades de contramina, allí donde los vitriolos de violentos verdes, azules, tejen irreales mantones de estalactitas. O se manifestaban por las avenidas de Huelva con pancartas, con pólvora, con voces que no parecen hallar el eco necesario. Mientras, más débil cada madrugada, más desangrado cada atardecer, el corazón de la tierra continúa latiendo: aguarda un trasplante que de nuevo traiga la esperanza.

Juan Cobos Wilkins
El Mundo